miércoles, 20 de septiembre de 2017

Exposición “Simbolistas”-Hybrid Festival 2017






























“Los lienzos son una sucesión de esferas que se abren a los dominios de diferentes demiurgos. Son dioses caídos y ciegos que se desplazan por su cosmos como autómatas sin alma, disponiendo al arbitrio las máscaras de los planetas, entronizando a primates triunfantes paridos del vientre de mujeres objeto, líderes que mutilan y desmiembran las esperanzas de los cuerpos mortales, reducidos en el apocalipsis a torsos en caída libre hacia un osario antropomórfico del que sólo redime una diosa con cabeza de espiral.”
(Texto de Jose Ángel Conde)
 
La exposición "Simbolistas: Escarabajos, Serpientes y Calaveras", celebrada en el Petit Palace Hotel Lealtad Plaza de Madrid (España) del pasado 15 a 17 de septiembre dentro del Hybrid Festival 2017, dedicó una videoretrospectiva al artista Carlos Mensa en la que se proyectó la videocreación “Thule”, realizada para la web Oficial del artista carlosmensa.com.
 
 
 
 

Hybrid Festival: http://www.hybridfestival.es/ 
 
Carlos Mensa: carlosmensa.com
 
 
 
 
 
 

domingo, 10 de septiembre de 2017

El Infierno (666 s.C.)






































AÑO 666 s.C. (sin Cristo)
MADRID. EL UNIVERSO.
Parto de mi realidad para descubrir el Infierno.
Suturo la carne de la percepción
con el bisturí de mi mente
y encuentro la verdad:
no hay verdad.

El Infierno Material
es el paso inmediato, primario,
el balbuceo del bebé-hombre que desea,
ansias de todo, ansias de nada:
el deseo...tú.
Se abren las puertas del abismo.

Nuestra conversación en la cafetería
se erige en misa negra
y nuestra mesa en pentagrama:
“-No.” y Satán es invocado.
Leonardo, el Gran Macho Cabrío,
me abraza hasta retorcerme los huesos
y me atonta con su fétido aliento:
el dolor físico y los celos.
Ya nada es lo mismo,
ya no hay vuelta atrás:
soy presa de las eternas llamas,
tú me rechazas
y bajo al Infierno Espiritual,
el más hondo cráter,
el núcleo mismo del fuego del dolor,
donde millones de demonios
avivan mi angustia
con sus cósmicos fuelles.
Soplan imágenes,
algunas bellas, otras terribles, todas inolvidables.
Cada visión es todas y ninguna:
se llama Legión
y es el demonio de la evocación dolorosa.

Mi alma sigue viajando por los círculos infernales;
vuelo por cielos acosados de agujeros,
ciclópeos boquetes, abismos sin fin
que sumen al ser en el vértigo,
y en su centro que no existe
tejen los tres demonios de la impotencia:
las Parcas.

Me muero, me muerdo las neuronas con los ojos.
Te veo y me duele;
no te veo y me muero.
Quiero verte. ¡Quiero verte!
¿Por qué no puedo estar todos los segundos de la eternidad
junto a ti?
¿POR QUÉ?
Intento arañar la pared del tiempo,
escalarla y acceder hacia la cima.
No me valen subparaísos;
yo te quiero a TI.
En el intento mis miembros se hacen trizas
y mancho tus santos pies.
¡BASTA!
¡Soy un asqueroso hereje!
Caigo en un mar de lava
y veo surgir al más terrible Leviatán,
el demonio que cubre el firmamento rojo:
la autocompasión.

Estás cerca de mí
pero parece que estás en las colinas del universo.
Estás muy lejos, muy lejos de mí.
Tengo que correr, correr...
¡NO!
Quedarme quieto, analizar...
esperar.
Quemarme, desmembrarme
en el Infierno que es estar sin ti,
esperando que mis pedazos,
hechos cenizas,
se alcen y vuelen hacia tu trono.

Pero estoy aquí todavía,
carne de despecho, eterno deseo,
y mi sangre proporciona abono
a la fragua satánica de mi corazón.
Los ríos siguen fluyendo.
Dolor.
Aprendo y continúo mi agonía...


Foto:
-Lilith, de Patricia Ariel



 

 

sábado, 12 de agosto de 2017

Paisaje en el ventanal 3000































Lo siento.
Vuestros consejos de sabias montañas
son acariciadores como una película de ángeles,
celestial amistad impregnada en celuloide
que se enrolla en la propia vida,
pero que no sé o no puedo tocar.

Tampoco puedo sellar las grapas de normalidad
que cosan mi alma y mi cuerpo al olvido.
Dejadlo arder solo con su motor ígneo de sangre,
con cicatrices que me adoctrinan y recuerdos de algodón
cuya suavidad me hace andar hasta el punto de no poderla borrar.
No se hacen remiendos a la vida.

No siempre duele.
Vivo entre las cuatro paredes de mi espiral y me creo un código de acertijos
basado en una suma espontánea de imagen y verdad
en que cada palabra y cada imagen resultan ser oxígeno vital.
Pero aun así también miro con los ojos cuando no miro a los ojos,
y no os huyo ni os desprecio,
y me siento soñar cuando os veo pasar,
casi, casi como si os pudiera tocar.

El cuadro que veo siempre
siempre me deja dentro de todo el ventanal,
y el paisaje me habla
 y yo le dejo hablar.
El ciclo sigue y el mundo muere cada día
para nacer una vez más,
llevándonos a nosotros dentro.


Foto:
-Autorretrato (1907), de Leon Spilliaert.





 

sábado, 15 de julio de 2017

Tao contemporáneo






































Solo en la soledad,
en una proporción de uno a infinito,
la turbación me hace temblar y las preguntas producen el desenfoque de la vida.
Entonces veo a las personas fuera de su conglomerado,
lejos de la masa metálica de ruidos y colores
que todos aceptan sin preguntas.
Entonces los observo en planos,
separados en su belleza de abejas perdidas,
cantando una canción de tránsito y búsqueda a la vez
que se esconde en su interior desesperada y falsamente móvil
pero con el mismo estatismo de paredes interiores
que todos buscamos abrir.
Por eso a veces, en medio de nuestra jornada,
hay un drop de lágrimas
y las imágenes dejan de mezclarse y por un momento sienten
en una sola.
Siento el calor muy cerca, tu cuerpo camino del tiempo.
Llevamos hablando desde el principio, sin parar,
cogiendo las palabras con la boca.
Te mueves cerca y lejos de todo,
viajando en la sustancia inmaterial que cambia de forma constantemente,
generando el gen distinto
que anima incomprensiblemente cada rostro
sin saber de dónde procede,
dando existencia a un conjunto de partes corporales confundidas
al nacer de repente en ellas la emoción.
Sigo sin saber quién eres,
mientras giras en espiral en torno a mi pupila,
hablando con corpúsculos de luz
que juntando los instantes y las cosas
me pintan el paisaje que tengo que ver.


Foto:
-Night, digital art de Alexandra Khitrova